¿Soy un artista abstracto? Es una pregunta que podría rondar a Armando Busquets. La pregunta, a la vez, se invierte saltando a nuestra mirada como observadores frente a su obra no objetual, transformándose en voces que nos dicen mucho más de lo que en un principio imaginamos ver/leer/escuchar. Su obra emana algo complejo e incita en la mente imágenes potentes sin que estas sean completamente descifrables.
Qué importante en ese sentido es mantener un diálogo con el artista, como el que se dio en el Museo Municipal de Guayaquil donde recientemente hizo una exposición individual y poco después participó en una muestra colectiva con uno de sus trabajos más sugerentes: “Brise-Soleil”.
La biografía de Busquets está marcada por sensaciones de separación y arraigo, lo que dota a su arte de una capacidad única para relacionarse con el entorno que le rodea. Llegó de Cuba a Guayaquil en 2005. Había estudiado Artes visuales con mención en Pintura y Escultura en el Instituto Superior de Artes de La Habana, había dado clases de Historia del arte y expuesto en diferentes países antes de llegar acá, donde, además de ser artista, ejerce como docente en la Universidad de las Artes.
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