En una isla filipina la sal artesanal es uno de sus tesoros más preciados. La llaman también huevo de dinosaurio y es un trabajo que toma alrededor de diez meses y que solo se realiza en este lugar
Un suave olor a mar impregna todo el barrio mientras el humo se escapa de una cabaña de nipa situada frente a los manglares de Alburquerque, en la isla filipina de Bohol. Los vecinos saben que ya ha empezado el laborioso proceso de fabricación artesanal de sal y que en los próximos cinco o seis días los acompañará esta fragancia de madera, coco y sal quemándose a fuego lento. El producto de este proceso en vías de extinción, que ha ido pasando de generación en generación, se conoce como asín tibuok. También se lo llama huevo de dinosaurio por su gran parecido, ya que es una pieza ovalada de sal compacta dentro de un molde de arcilla que se ha quebrado parcialmente por el intenso calor del fuego. Este tipo de sal solo se produce en esta pequeña localidad costera de unos once mil habitantes.

La combustión controlada de días dará como resultado el gasang, una ceniza altamente concentrada en sal, que después se colocará en un depósito hecho con bambú y con forma de embudo, donde se filtrará la sal de las cenizas vertiendo más agua de mar. La salmuera resultante, llamada tasik, es la que se utilizará para cocinar las piezas de asín tibuok, siguiendo el mismo método que se ha utilizado desde tiempos inmemoriales.
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