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Mundo Diners al día

María Teresa García: De Sangolquí, para el mundo

por Gabriel Flores Flores

María Teresa García
'Chanchos en el paraíso', Sangolquí, 1983. Foto: Cortesía.

María Teresa García ha tenido varios idilios a lo largo de su vida, pero hay tres que se han convertido en una constante: Sangolquí, sus nietas y la fotografía. Por esta última fue reconocida con el Premio Mariano Aguilera a la Trayectoria Artística, edición 2024-2025. 

Curiosidad incorregible

Todo comenzó en su infancia. María Teresa García (Sangolquí, 1945) era una niña curiosa. Un día, esa curiosidad la llevó a husmear en el armario familiar. Allí encontró una caja en forma de corazón. La abrió y sus ojos se toparon con la fotografía de una niña muerta, la ahijada de su madre. Se asustó y la caja se le escurrió de las manos, la instantánea cayó al piso y aquellos ojos vidriosos de la niña se clavaron en su memoria.

Lo que también quedó guardado en su psique fue la primera vez que estuvo dentro de un cuarto oscuro. Era 1976 y ella vivía en Estados Unidos. Se sintió deslumbrada por el proceso de revelado fotográfico. Para ella fue un descubrimiento ver cómo el papel, por el efecto de los químicos, dejaba ver la imagen de una mujer que miraba hacia el firmamento. En ese instante tuvo la certeza de que la fotografía sería su camino.

“En ese momento sentí que la fotografía me agarró. El rato que vi ese "milagro", me acordé de la imagen de la niña que encontré en el armario. Y enseguida fui a estudiar al Montgomery College”, cuenta en una conversación telefónica, desde su casa en Sangolquí. No recuerda con certeza cuál fue su primera cámara, pero sospecha que era una Minolta, la más popular entre los estudiantes de la época. 

Lo que más le atraía por esos años era el trabajo de los fotógrafos de calle, como Lisette Model. “Cuando me enganché con la fotografía no paraba de mirar. Y nunca me he cansado de hacerlo”. García se dedicó a contemplar el mundo, a través de su cámara, pero también aprendió a verse, a escudriñar su cuerpo. En su último viaje a Berlín, por ejemplo, fue al oculista y se retrató con los artilugios que le colocaron en los ojos. 

Su trayectoria

  • Cuando regresó a Ecuador, en los años 80, comenzó a trabajar en los ensayos visuales ‘El otro Sangolquí’ e ‘Imágenes vivientes’. En 1996 aparece ‘Llegando a los cincuenta’, una serie en la que explora su cuerpo y reflexiona sobre la muerte. Luego publicó ‘La mudanza’, ‘Telares’, ‘Estados de ánimo’ y ‘Perfect baby’. 
  • Su obra se ha expuesto en lugares como el Carter Burden Gallery de Nueva York, el Contemporary Arts Museum de Houston o la Biblioteca Nacional de Madrid. 
  • Actualmente trabaja en el segundo tomo de la colección ‘Paralelismos oculares’, en el tercero de ‘Fiestas y rituales’ y en ‘Agua’, un proyecto en el que reúne una colección de fotografías acerca del comportamiento del agua. 
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María Teresa García, en su última visita al oculista.

María Teresa, la abuela 

Desde los años 80, García ha trabajado en numerosas series. Ha fotografiado a gente de Sangolquí, Nueva York, Nueva Orleans, Berlín o Filipinas. Pero, sin duda, una de las cosas que más ha disfrutado es registrar la vida de sus nietas, a quienes ha retratado desde su nacimiento y ha acompañado con el lente de su cámara a lo largo del tiempo. 

La fotografía le ha dado muchos aprendizajes, pero también le restó tiempo con sus hijos. Un tiempo que ha intentado recuperar con sus nietas, a quienes les arma libros fotográficos. “Para mí se trata de una obra importante, porque siento que sus historias son las mías. Quiero que a través de los libros vean cómo han crecido. Que recuerden y revivan etapas que ya pasaron. Es la mejor herencia que les puedo dejar”.

En un esbozo de lo que para ella se ha convertido la fotografía, dice que es la razón de su existencia, que no sabría qué haría sin ella y que nunca se va a jubilar del oficio, porque sería como un “suicidio”. “Es algo que me da vida. Independiente de que la foto cuaje o no, adoro el acto de fotografiar”. Ver esas imágenes le produce felicidad.

El Mariano Aguilera 

“Es solo una foto. No puede estar con el resto de la colección porque desentona”. Esa fue la respuesta que le dieron cuando intentó que ‘Chanchos en el paraíso’ se sumara a las obras que están en uno de los espacios culturales de Sangolquí. Para García, la anécdota muestra el lugar en el que muchos colocan aún a la fotografía. Y también es un motivo más para celebrar el Premio Mariano Aguilera a la Trayectoria que acaba de recibir. 

Desde que se creó el Premio a la Trayectoria (2012), ningún fotógrafo había recibido este reconocimiento, el más importante del mundo del arte, en el país. Antes lo recibieron Pablo Cardoso, Pablo Barriga, el colectivo La Artefactoría y Jenny Jaramillo. García confiesa que postuló porque está convencida de que es momento de que la fotografía deje de ser esa especie de “hermana bastarda” del arte contemporáneo. 

Lo que más la emociona, más allá del premio económico, es la exposición antológica que se montará en 2025, en el Centro de Arte Contemporáneo (CAC). “El próximo año cumplo 80 y me parece hermoso celebrarlo con una muestra donde la gente vea el camino que he recorrido con mi cámara colgada al cuello".

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Acerca de Gabriel Flores Flores

Periodista. Máster en Literatura Hispanoamericana y Ecuatoriana y Licenciado en Comunicación Social. Pasé por las redacciones del HOY y El Comercio. También fui librero. Desde hace más de una década escribo sobre literatura, teatro, cine, arte, series de televisión, gastronomía y coyuntura cultural.
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