
El fotógrafo ecuatoriano Luis Mejía vivió la mayor parte de sus 86 años pegado a una cámara. De ese vínculo quedaron miles de imágenes que muestran, desde su óptica, un país ya lejano.
1962, cementerio de San Diego (Quito). Un carro fúnebre, con decoración barroca, aparece a la cabeza de una procesión. Detrás, hombres y mujeres ataviados con trajes y vestidos negros lloran, se abrazan y buscan consuelo entre ellos. En sus rostros desencajados se puede ver el dolor que sienten por la pérdida de uno de los suyos.
La imagen, que para las nuevas generaciones resulta una novedad, era frecuente en el Ecuador de los años 60. Luis Mejía (1938-2024) no la tomó por casualidad sino porque su primer trabajo como fotógrafo profesional fue registrar velatorios.

Fotoperiodismo 'made in' Ecuador
En la Sala V del Centro Cultural Metropolitano (CCM) está abierta la muestra ‘Pasando revista. La mirada de Luis Mejía’, allí se exhiben 80 fotografías enmarcadas, que fueron capturadas por este fotógrafo entre 1962 y 1992, reproducciones de las revista Vistazo, planas gráficas del diario El Tiempo y 20 imágenes con pies de foto puestos por él.
Dentro de la sala se exhiben dos tipos de fotografías, las que dan cuenta del trabajo de Mejía como fotoperiodista y que publicó en los desaparecidos diarios El Tiempo y El Hoy y en la revista Vistazo; y las fotografías que hizo a personajes de la cultura quiteña y a niños y ancianos de distintas clases sociales.
Al recorrer la muestra se descubre que Mejía cumplía con solvencia los encargos que le hacían desde los medios de comunicación, pero que además se daba tiempo, pese a las limitaciones tecnológicas, para hacer fotografías que mostraban una mirada particular de las personas y de los espacios con los que se encontraba en sus coberturas.
Iván Mejía, fotógrafo e hijo de Luis, cuenta que su padre siempre fue un autodidacta y que educó su ojo viendo la revista Life. Ojeando las páginas de esa publicación se dio cuenta que ese oficio que comenzó muy joven en los cementerios de Quito, no solo iba de capturar momentos sino de búsquedas personales.



Personajes de la cultura
Entre las fotografías que se exhiben en la exposición 'Pasando Revista' hay un puñado de retratos de personajes vinculados a la cultura, entre ellos:
- Alfredo Pareja Diez-Canseco.
- Giti Neuman.
- Eduardo Kingman.
- Benjamín Carrión.
- Milton Barragán.
- Estuardo Maldonado.
- Galo Galecio.

El Quito de Mejía
Como parte de esas búsquedas, Mejía dejó fotografías icónicas como aquella de la llegada a Quito del primer barril de petróleo o la que muestra el cuerpo inerte y amortajado de Velasco Ibarra; y otras poco conocidas, como esa en la que Salvador Allende aparece comiendo un choclo o en la que Kempes y compañía se funden en un abrazo después de ganar el Mundial de Argentina 1978.

Con el tiempo, Quito también se convirtió en otro de sus personajes. Sus calles, casas y edificios aparecen una y otra vez en sus fotografías. Una de las más llamativas de la muestra la tomó trepado sobre el monumento a Simón Bolívar que está en La Alameda, como si fuera un escudero más del 'Libertador'.
Desde allí logró capturar la panorámica de un Quito que ya no existe. Donde hoy hay un cerro con una estatua de la Virgen de Legarda solo se ve una loma pelada; donde ahora está el edificio del Banco Central hay un terreno baldío y donde en la actualidad se levanta el edificio conocido como La Licuadora hay una pequeña casa de tres pisos.

Lo que más llama la atención de esta fotografía es el edificio que aparece donde ahora hay una pequeña plazoleta y la estatua del Hermano Miguel (barrio de San Blas). En la parte más alta de esta construcción, que solo se ve a detalle si se acerca a la fotografía, se lee en letras grandes y negras: "Biblioteca Nacional".
Fotografía de calle
El Ecuador que Mejía retrata entre los años 60 y 90 es el de los últimos gobiernos de Velasco Ibarra, el de la dictadura militar de Rodríguez Lara, el de ciudades marcadas por el desarrollo urbano que llegó gracias al ‘boom’ petrolero, el del gobierno autoritario de León Febres Cordero y el de inicios del gobierno de Rodrigo Borja.
La constante durante estas décadas fue su interés por fotografiar hechos y acontecimientos que sucedían en las calles de Quito. Mejía, por ejemplo, registró el momento exacto en el que Ramón Castro Jijón y un grupo de militares llegaron a la Plaza del Teatro para derrocar al presidente de ese entonces, Carlos Julio Arosemena Monroy.
Martín Jaramillo, curador de la muestra, e Iván Mejía coinciden en que el trabajo de Luis podría ser definido como una especie de realismo mágico en blanco y negro. Para confirmar esta idea solo basta pararse frente a ‘Autorretrato’, una fotografía en la que aparece él con su cámara en el reflejo de un espejo sostenido por un chico que va por la calle (la foto se puede ver en la parte derecha de la imagen con la que se inicia esta nota).
Pero Mejía no solo jugaba con la composición de las fotografías, también entendió que dentro de los medios las instantáneas no solo estaban para acompañar la noticia sino para generar una narrativa propia, algo obvio en estos tiempos pero, sin duda, una novedad en el Ecuador de la segunda mitad del siglo XX.

