El fotógrafo ecuatoriano Gonzalo Villota ha prestado sus ojos y su instinto perfeccionista a presidentes de Estados Unidos, como George W. Bush y Donald Trump. Ha dado el clic definitivo para captar la esencia de celebridades como Halle Berry y Tyra Banks. Ha sido la astucia que realza el valor de deportistas olímpicos, astronautas y ejecutivos de la talla de Steve Forbes o Michael Bloomberg.
Si la destreza tiene un comienzo, la de Gonzalo Villota se dejó ver desde que él era un niño. Y no, su habilidad no era dar clic a la vieja cámara de su padre. Su don era la búsqueda de la perfección, los ojos con que miraba los detalles que estaban ocultos para el resto.
Su apego a la estética lo gestó tempano. Los carteles escolares inauguraron la minucia con la que ve aquello que considera arte. Le siguieron aficiones como la de juntar bonsáis en jardines que podía intercambiar por una guitarra, otro de los intereses de este melómano amante de la buena cocina y el whisky suave.
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