¿Por qué son tan populares las Venus de Valdivia? Según el artista Édgar Cevallos, todo tiene que ver con lo que representan: la femineidad y la vida. Ahora, cinco mil años después de su creación, él decidió reinterpretarlas para que el mundo las vea y se reconozca.
Un día la mujer, aún sin estar consciente de su belleza, fue al río para acicalarse. Mientras se lavaba, el sol la iluminó permitiéndole verse reflejada en el agua. Entonces, una golondrina apareció, se puso a jugar encima de ella y sus alas le hicieron cientos de peinados. Luego, al regresar a su aldea, se había transformado; todos lo notaron y, pronto, su vientre fue fértil.
Este es el origen que, según la leyenda, tienen las Venus de la cultura Valdivia. Hoy, cinco mil años después, Édgar Cevallos, artista que ha probado casi todos los registros ―escultura, cine, dibujo― retoma esas figuras para hacer un homenaje a la femineidad y a la historia del Ecuador.



Un artista de muchos registros
Dos personajes están íntimamente ligados a Édgar Cevallos y ambos son habitantes del universo de los dibujos animados: Don Evaristo y Máximo. El primero fue la imagen de Quito durante la alcaldía de Rodrigo Paz (1988-1992) y el otro, un tucán de pico colorido, lideró las campañas de la Unicef durante los años noventa. Ambos personajes esconden características del artista. El ave fue una iniciativa del Fondo de Naciones Unidas para la Infancia y contó con la supervisión técnica de Walt Disney Company.
“Ellos tienen una escuela y una metodología que ha probado ser efectiva a través del tiempo; la mantienen para evitar resultados defectuosos. Esto aplico a mi vida: hay que ser metódico, disciplinado, estableciendo un proceso que persiga la perfección”, cuenta Cevallos.
Por otro lado, Don Evaristo representa el amor por el país y el compromiso con su identidad. Porque la historia del Ecuador ha estado siempre en sus bocetos y planes creativos. En su taller hay historietas donde desfila por igual la tragedia y la gloria de esta tierra.
Y, además, el dibujo le abrió las puertas de la escultura hace aproximadamente una década. De su mesa, las líneas y puntos salieron como expulsadas del papel, para adquirir una dimensión más y, a menudo, colosal. Hay allí Quijotes, esculturas renacentistas y danzantes amarillos que se abrazan con una ternura infinita.
Cevallos asegura: “El que sabe dibujar, sin duda, puede esculpir”. De hecho, explica que todo tiene que ver con un ojo que aprende a ver detalles y unas manos que juegan con las líneas para terminar transformándolas en objetos tridimensionales. Pero, de sus obsesiones artísticas, la que lo ha acompañado implacable por casi cuarenta años es la Venus de Valdivia, pues resume su búsqueda: la historia y el arte como pilares de la nación.

Inspiración y génesis
Valdivia fue una cultura que ocupó las regiones más bajas de la Costa del actual Ecuador entre 3800 y 1450 a. C. Se sabe que es una de las primeras de América en adoptar un estilo de vida sedentario cuyo eje era la agricultura. Esto, desde luego, iba de la mano con el desarrollo de la alfarería.
A Valdivia se la conoce sobre todo por sus Venus, que muestran la importancia de la mujer para este pueblo. La mayoría fueron hechas en cerámica, su coloración es roja, suelen estar desnudas y tienen varios tipos de peinado.
Cevallos explica que este último detalle despertó su interés. “La fertilidad y la femineidad son lo que los habitantes de Valdivia retrataron en estas figuras; sus cabellos me hacían admirarlas porque creo que son un símbolo de la belleza de la mujer y un homenaje a su fertilidad. En el arte del pueblo Valdivia hay una conexión entre la vida y la mujer: su vientre, de hecho, es la vida”.


Las Venus de Cevallos
Cuarenta Venus aguardan en la sala del maestro Édgar Cevallos. Algunas son tímidas y otras coquetean con descaro. Están allí sobre mesas, mostradores o incluso reposando sobre la alfombra, mientras llega el momento de ir a otros continentes.
Su creador las mima, tiene una conexión especial con ellas y no le gusta separarse. Le dan alegría, confiesa, porque son el resultado de una búsqueda de años: “Por los dibujos animados me vi obligado a realizar muchísimos y tan pequeños como una uña. Había entre estos Venus de Valdivia y probé ponerlas en toda suerte de posiciones y actitudes. Poco a poco, fui escogiendo hasta quedarme con un número de cuarenta que, en un principio, puse en láminas grandes para, al final, convertirlas en esculturas de arcilla y masa de modelar”.
Después Cevallos trasladó su creación a un material al que él y los colaboradores de su taller han llamado “fórmula de mármol-porcelana”. Esta mezcla conserva la apariencia de la roca, sin ser tan pesada.

“Las Venus son ahuecadas y hay dentro una estructura que sirve para crear posiciones inverosímiles, como una que se sostiene apenas sobre la punta del pie”.
Cada figura ―algunas de hasta 93 centímetros de largo― tiene vida propia y una historia: hay una Marilyn Monroe, una Bo Derek y una Maja desnuda. Mas, no se trata de algo arbitrario porque las Venus, las de Cevallos y las de la antigüedad, representan a la mujer sin importar nacionalidad o tiempo.
“El arte es mundial ―concluye Cevallos―, es de los seres humanos, en definitiva. No obstante, lo que buscamos con Valdivia es devolverla a su lugar de origen para cambiar a la gente, otorgándole una identidad. Además, estas esculturas, y el arte en general, sirven para vernos reflejados y, por lo mismo, para comprendernos”.


