El Centro Pompidou propone cinco exposiciones con lo mejor de las narrativas gráficas del mundo. El arte moderno abraza al cómic y su fuerza contracultural, con una crónica de los últimos sesenta años de producción y a través de personajes emblemáticos, como el Corto Maltés. Superhéroes y mangas, planchas originales y dibujos inéditos hablan de la vitalidad de la historieta.
La propensión del hombre a contar historias ilustradas, a combinar imagen y texto parece universal; por ello, es difícil situar el nacimiento del cómic en una geografía y tiempo específicos. Pinturas rupestres, columnas romanas, tapicerías medievales, manuscritos asiáticos, glifos mayas, egipcios, fenicios, son antecedentes de lo que desde los años 1830, con el suizo Rodolphe Töpffer, empezó a llamarse “literatura en estampas” y luego: bande dessinée, cómic, fumetti, historieta, tebeo, manga, quadrinhos.
Con el desarrollo de los medios impresos, primero, y la explosión de la cultura pop, después, el cómic se mangoneaba por las distinciones entre lo artístico y lo popular. Un proceso de legitimación se activó con el reconocimiento de museos, universidades, críticos; con festivales y encuentros especiales; con la designación del cómic como noveno arte. Así pasaba a ser mucho más que diversión infantojuvenil, a ser una expresión que permea espacios y deleita públicos varios. En Francia es educación sentimental de múltiples generaciones.
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