
El surrealismo cumple 100 años y es uno de los movimientos culturales más potentes porque rechazó las convenciones del arte, enfocándose en los sueños. ¿Sabía que hasta Disney estuvo interesado en él?
‘¡Es necesario dejar que los sueños fluyan!’ gritaban los surrealistas en octubre de 1924, un mes que fue trascendental porque, entonces, el poeta André Breton publicó el ‘Manifiesto del surrealismo’. Sin embargo, este no era ni el primero ni el último: dos semanas antes, había aparecido otro con la firma de Yvan Goll y, cinco años después, el mismo Breton junto con Paul Éluard lanzaron un tercero.
Como quiera que sea, el texto los puso en el mapa de las vanguardias culturales porque criticaba al arte por haberse vuelto cobarde y tedioso, al tiempo que pretendía arrancarle los frenos de la razón, dejando espacio para que los sueños -una inspiración del psicoanálisis de Freud- se fusionaran con la realidad.
Un surrealista que fue ‘superstar’
Salvador Dalí nació en Figueras, España en 1904. Su primer nombre era el mismo que sus padres escogieron para su hermano, quien falleció meses antes y sin cumplir un año. Más adelante, el futuro artista dijo que se sentía como una copia de aquel muerto.
Dalí se transformó en su primera gran obra: aparecía por las calles haciendo ‘performances’ con su ropa o su forma de amar. Al mismo tiempo, chupaba de cualquier persona o cosa elementos creativos para probarlos en diversos registros: cine, escultura, fotografía y, por supuesto, dibujo…

Su obsesión con el tiempo se manifestó en todas y en especial en la pintura, donde sus relojes eran tan blandos que se derretían. Y es que en el mundo de los sueños -el único que le interesó- el paso de los segundos es una ilusión o un dislate.
Sus críticos le achacaron que sus poses no eran otra cosa que una forma de atraer la atención para traducirla en dinero. Es probable: no negaba su pasión por el lujo. Y quizá su mayor talento era conseguir que el arte, la fama y el dinero no fuesen siempre conceptos antagónicos.
Dalí, Disney y el ‘Destino’
Walt Disney y Dalí se conocieron en 1946, en una fiesta que organizó la productora Warner Bros. El pintor, por entonces, colaboraba con Alfred Hitchcock en la filmación de una escena cuyo material eran los sueños.
Al poco, Disney y el artista europeo acordaron trabajar juntos. Para el cineasta, su nuevo amigo le permitiría formar parte de la alta cultura, mientras que para Dalí la propuesta era una oportunidad para explorar un territorio nuevo, el de la animación.
La idea se convirtió en un cortometraje titulado ‘Destino’. Sin embargo, pese al afecto, Dalí no se cotizó a la baja: estaba dispuesto siempre que se le pagase bien. Disney aceptó.
Por noventa días ambos trabajaron de 8:30 a 17:00, como en una oficina; luego, el artista europeo se agotó y le siguieron ocho meses de pura inestabilidad. El resultado: 150 ‘storyboards’, 22 lienzos y ninguna película, pues hubo que cancelarla cuando los egos iban a aniquilar la amistad. El experimento costó 4.5 millones de dólares.
Considero [a Dalí] un amigo, un hombre genial y una persona con la que he disfrutado trabajando. Nuestra unión laboral fue muy alegre, por si alguien se lo pregunta. Dalí no es el culpable de que este trabajo en el que los dos estábamos inmersos no se haya completado. La explicación es que hubo cambios en la política de nuestros planes de distribución…
Walt Disney
¡Al fin la película!
Al empezar el siglo XXI, Roy E. Disney, sobrino de Walt, mientras trabajaba en ‘Fantasía 2000’, encontró el proyecto ‘Destino’ en los archivos de la compañía y lo puso en manos de su equipo para que lo reconstruyesen. El resultado obtuvo una nominación al Oscar en 2003.
Y, por fin, se supo qué es lo que había resultado de la unión de dos artistas incompatibles: el dios del tiempo, Cronos, y una mujer mortal se enamoran, pero estar juntos es imposible y, acompañados por la música del compositor mexicano Armando Domínguez, desafían al destino que tiene forma de beisbolista -exigencia inexplicable del pintor-, reloj que se diluye o laberinto.
Algunos datos surrealistas
- El poeta, novelista y crítico francés Guillaume Apollinaire acuñó el término “surrealismo” en 1917. Pero el movimiento se estableció con la publicación de los manifiestos en 1924.
- No hay un «estilo surrealista». El surrealismo es una expresión del pensamiento o, mejor, del subconsciente.
- En el cine, Luis Buñuel es el representante principal del movimiento. Su filme ‘El perro andaluz’ lo hizo en colaboración con Dalí. En la cinta aparecen hormigas, mariposas, calaveras y hasta una navaja cortando un ojo que también es la luna.
- El surrealismo coqueteó con la política y luego esta lo dividió: a Dalí y Paul Éluard los expulsaron del movimiento por no condenar al fascismo; Breton se hizo trotskista, mientras otros de sus excompañeros, fieles al estalinismo, lo rechazaban.
- Man Ray, fotógrafo surrealista, experimentó con sus ‘rayogramas’, imágenes abstractas obtenidas con objetos expuestos sobre un papel sensible a la luz y revelado después.
- El surrealismo era lúdico: uno de sus juegos fue el ‘cadáver exquisito’, donde varios artistas dibujaban las distintas partes de una figura o escribían trozos de un texto sin ver lo que el anterior participante había hecho. La idea era crear una obra conjunta hilvanada por la conciencia colectiva.


