Video y fotos: Víctor Vergara
Paula Barragán ha navegado con libertad por el arte, desde las piezas digitales y el dibujo hasta los óleos o del collage a los ensamblajes. En ‘Naufragio en un florero’, su nueva exposición en la galería N24, hay un poco de todos esos mundos, fragmentos de todas las Paulas.
El tema no está zanjado. Hay quienes dicen que quien creó la técnica del collage fue el francés Georges Braques y otros, que fue el español Pablo Picasso. Lo cierto es que desde inicios del siglo XX, el collage fue usado por cubistas dadaístas, futuristas, surrealistas y constructivistas. Al inicio eran análogos; ahora, en pleno siglo XXI, también son digitales.
En ‘Naufragio en un florero’, el collage no solo es la técnica que Paula Barragán usó para la obra ‘En la calle principal’; también es una idea que ronda la muestra, que sirve para darle un sentido a lo que se exhibe. “Más que nunca, tengo la sensación -dice- que esta muestra es un collage donde he pegado capas de técnicas trabajadas por años”.
Cinco datos sobre Paula Barragán
- Artista y diseñadora gráfica. Obtuvo su BFA en comunicación visual en el Pratt Institute , Nueva York, 1986.
- Desde 1986 mantiene su taller en Quito, donde diseña logotipos, afiches, ilustraciones, libros de arte, portadas y alfombras. Pero su obra más importante la desarrolla en las artes plásticas: la pintura, el grabado y el dibujo.
- Ha participado en exposiciones individuales en Multiple Impressions NYC (1999, 2002 y 2005) y otras galerías de Nueva York (2014 y 2016), Chicago (2014) y Seattle (2009), en EEUU; en galerías de Quito, Cuenca y Guayaquil en Ecuador (2000 a 2018), así como en Lima, Perú (2010). Es artista permanente de Davidson Galleries en Seattle Wa.
- Fue seleccionada como artista oficial para el XIX Annual Latin Grammy Award (2018).
- Ilustró cinco libros publicados por Lee & Low y August House Publishers, USA. Ha obtenido cinco primeros premios en grabado, diseño e ilustración. Ha sido seleccionada para intercambio y residencia, Galeries Kunst und Form y Am Pratter, Berlín (1995), para residencia artística, Alfara Studio, Salamanca (2017).
'Naufragio en un florero': Parte 1
No hay reglas para recorrer una exposición dentro de una galería. A nadie se le ha ocurrido escribir un manual que diga: “Estimado visitante, al pasar la puerta usted debe mirar a su derecha, permanecer cinco minutos parado frente a la obra número uno antes de girar su mirada a la izquierda y continuar contemplando la obra número dos”.
Por suerte, recorrer una galería es un ejercicio libre y subjetivo. Una persona puede empezar, como lo hizo Barragán en el recorrido con Mundo Diners, observando una obra que está al final de la sala. En este caso se trata, de ‘Naufragio en un florero’, un collage digital lleno de flores exuberantes, de bichos y de un pequeño barco que se hunde.
Si bien las flores y las plantas son elementos que han acompañado buena parte del trabajo de Barragán, los bichos -puestos en primer plano- son una novedad. Los insectos, todos inventados, tienen su referente en los grabados de María Sibylla, científica del siglo XVII, que ilustró muchas plantas con el insecto que las poliniza.
De este “naufragio” floral, Barragán pasó a sus ensamblajes hechos con pedazos de maderas apolilladas, que recolectó en playas y que durante años tuvo arrumados en su taller. Aquí, hablar de la conexión con su padre (Milton Barragán) fue inevitable; sus últimas obras las trabajó con maderas que le dieron en conventos del Centro Histórico.
Antes de avanzar hacia el collage gigante de esta muestra, Barragán recordó que ha coleccionado madera con la misma obstinación que lo hecho con semillas y un tiempo, incluso, con plásticos. También, que en su archivo digital comenzó a coleccionar retazos de impresiones rechazadas o manchadas y que con ellas armó ‘La calle principal’.

















'Naufragio de un florero': Parte 2
Las noches de miércoles en el Pobre Diablo -bar que durante años funcionó junto a la galería N24-, eran de jazz. Detrás de los músicos siempre había una escenografía creada por un artista. Allí, Paula Barragán exhibió sus primeros dibujos en tinta china, obras con una estética similar a la de los tres cuadros de ‘Naufragio en un florero’.
En cada uno de estos dibujos en gran formato hay microhistorias que cada uno puede interpretar a su antojo, pero que tienen elementos que se han convertido en una constante para Barragán; cuerpos humanos, gallos, caballos, piñas, flores y plantas, una vegetación que siempre se desborda y que está acompañada de colores luminosos.
Casi al final del recorrido propuesto por Barragán aparece una serie de óleos, cuadros que pintó con su mano o con la ayuda de una espátula -nunca ha trabajado un óleo con pincel- en los que hay cortes pequeñitos. “Como nunca aprendí a pintar -confiesa- los trabajo como si fueran una plancha de grabado, por eso las incisiones”.
De los óleos, Barragán pasó de nuevo a los collages digitales. Unos tienen un aire abstracto y otros, una impronta más figurativa, donde aparecen frutas, insectos, manos, un sapo o una silla, todos llenos de colores explosivos; tan intensos como los del collage que está a la entrada de la galería, donde se aprecia una mixtura de frutas y vegetación.
Al terminar este recorrido, que se puso en pausa un par de veces por saludos y fotografías de rigor, a Barragán le asaltó una pregunta que quizás guarda el espíritu de la muestra: ¿Cuántas personas están exhibiendo en esta muestra? Después de unos segundos de reflexión, sentenció: “Aquí están todas las Paulas”.

