
‘Tejidos. Arte y Feminismos en Ecuador’ es un libro que recoge la historia de esta práctica artística en el país. Lo editó la colectiva La Emancipada y la organización Arte Mujeres Ecuador, que producen el encuentro homónimo que va por su sexta edición.
Históricamente, el tejido ha sido visto como una ‘manualidad’ “femenina” reservada para el espacio “doméstico”. En la potencia, el ingenio y la posibilidades discursivas de zurcir, hilvanar y remendar, los defensores de las supuestas artes “superiores” solo han percibido un pasatiempo, una artesanía inofensiva.
La investigadora venelozana Leyla Dunia dice que el movimiento feminista de Estados Unidos inició la reivindicación del tejido durante las décadas de 1960 y 1970, “utilizándolo como símbolo de la protesta contra el confinamiento de la mujer dentro del espacio doméstico”. Lo cuenta en el texto curatorial de la muestra ‘Destejer la historia. Los hilos de la memoria’, exhibida en 2018 en el Centro de Arte Contemporáneo de Quito.
El texto de Dunia forma parte del libro ‘Tejidos. Arte y Feminismos en Ecuador’, la primera publicación de la colectiva La Emancipada y la organización Arte Mujeres Ecuador (AME), integradas por las artistas ecuatorianas Ibeth Lara Pazmiño, Tania Lombeida Miño y Pamela Pazmiño Vernaza.
La obra, cuya edición física se lanzó oficialmente en Quito en noviembre de 2024, contiene la memoria del ‘Tercer Encuentro Arte Mujeres Ecuador’, en cuyo marco se montó la exhibición homónima. Pero el libro es mucho más que un catálogo o un registro. Lombeida dice que también es una “fuente bibliográfica” para curadores, estudiantes y académicos interesados, sobre todo, en la historia invisibilizada del arte feminista en Ecuador.
“Este es un libro -resalta- que permite visibilizar trayectorias y prácticas artísticas de nuestro país que no han tenido la voz que han merecido”.

Los hilos de la resistencia
La primera parte de ‘Tejidos’ agrupa siete ensayos inéditos escritos por artistas e investigadoras. En la segunda están las biografías de las 42 artistas participantes. La inclusión del lenguaje académico tiene un sentido: “Nosotras, como La Emancipada, estamos vinculadas de distintas maneras a la academia y a procesos educativos -cuenta Lombeida-. Muchas de las actividades que hacemos durante los encuentros de ‘Arte Mujeres Ecuador’ cuentan con la participación de historiadoras, activistas, teóricas. Por eso también nos interesa que las curadoras a las que invitamos tengan una trayectoria vinculada a la investigación y a las prácticas colaborativas, a la gestión cultural”.
La investigación, además, es un ejercicio de memoria y reivindicación. En su ensayo ‘De lo ancestral a lo relacional: sobre las prácticas artísticas feministas del tejido bordado en Ecuador’, la artista Pamela Pazmiño Vernaza, de la AME, recupera el trabajo de cuatro colegas ecuatorianas: Magdalena Pino, Janneth Méndez, Ana Fernández y Andrea Zambrano.
Zambrano propició, en 2011, la poderosa obra colaborativa ‘Calzones parlantes’. La pieza consistía en un conjunto de calzones “intervenidos con bordados hechos a mano por dos comunidades de mujeres”. El encuentro con las participantes se hizo por primera vez en el barrio La Venecia, en el sur de Quito. Sobre esa prenda ‘íntima’ y ‘privada’, las mujeres bordaron e hicieron públicos sus dolores, sus rabias, sus demandas: “Quiero que valoren mi trabajo”, “Quiero ser libre de decidir”, “Quiero que te hagas cargo de mi hijo”.
El ensayo de Lombeida, titulado ‘Cecilia Benítez y el tejido de telar andino como resistencia’, en cambio, rememora el trabajo de esta artista de Machachi, considerada como “una de las precursoras del arte textil contemporáneo en el país”. Benítez, según la autora, aprendió de los indígenas sobre técnicas textiles como el uso de nudos, el teñido natural y el uso del telar de cintura, que “definieron su trabajo estético-político”.
El tejido de Benítez estaba marcado por sus propias sinergias: tejido y cuerpo, paciencia y agresividad, femenino y masculino. La artista declaró alguna vez: “Tejo con los colores del macho y las formas de la hembra”.

Curaduría afectiva
El primer encuentro de Arte Mujeres Ecuador fue en 2012. Lombeida cuenta que surgió de “la necesidad de crear una plataforma abierta para convocar a mujeres a pensar sobre el arte y las prácticas feministas en Ecuador”. Cuatro años después, en 2016, la AME extendió la invitación para que participaran curadoras internacionales. El resultado desde entonces, dice la artista, ha sido un ‘tejido’ de redes de trabajo, cooperación y crecimiento entre colegas, historiadoras, curadoras y activistas.
La sexta edición está prevista para marzo de este año -entre el 8 y el 30- y tiene también un cambio: se hará, por primera vez, en Cuenca, en el Museo Municipal de Arte Moderno (MMAM). Las gestoras confían en que esto acercará nuevos públicos al encuentro y permitirá que participen más artistas de Loja, otros territorios cercanos y de la propia ciudad anfitriona.

Bajo el lema “No nos vamos a despedir aunque el camino se oscurezca", el eje de este año es repensar la migración, los tránsitos. La convocatoria, abierta hasta el 10 de febrero, busca obras que exploren “prácticas fronterizas, territorios múltiples y cruces que desafíen las lógicas tradicionales del arte”.
La curadora invitada para esta edición es la argentina Kekena Corvalán, investigadora, profesora de arte latinoamericano y teoría cultural, y autora de los libros ‘Curaduría Afectiva’ y ‘Curaduría del Fin del Mundo’. En una entrevista, Corvalán dijo que la curaduría afectiva no se trata tanto de pensar “a contrapelo” del canón. Es, más bien, la posibilidad de hacer surgir otras narrativas: “Lo que hago es disputar la enunciación”.
Los planes de la AME son seguir con el encuentro, con los programas educativos que lo acompañan, editar otro libro (está en proceso el de la cuarta edición) y, en definitiva, no desandar ese camino largo que empezaron hace 12 años y en el que han ido reencontrando las rutas del pasado, el presente y el futuro del arte feminista en Ecuador.

