La Gran Pirámide de Guiza fue un templo vivo erigido en el antiguo Egipto por el faraón Khufu. Construida por obreros especializados, libres y orgullosos, su historia revela creencias, misterios y avances tecnológicos. A 4500 años de su construcción, sigue fascinando al mundo y desafiando lo que creemos saber del antiguo Egipto.
En mayo de 1837 el egiptólogo inglés Howard Vyse llevaba tres meses excavando en la Gran Pirámide de Guiza. Su método para abrirse paso a través de la roca era detonar cargas de pólvora. Así demostró que justo encima de la cámara del rey había otras ocultas. Vyse tenía la esperanza de un gran hallazgo, pero al final de sus trabajos lo único notable de las cámaras secretas fueron las inscripciones en tinta roja que cubrían sus paredes. La verdadera importancia de estas marcas permanecería sin revelar hasta bien entrado el siglo XX.
Howard Vyse formó parte de una larga tradición de exploradores que estudiaron la Gran Pirámide con el fin de entender cómo había sido construida y para qué. Ya en el 450 a. C. Heródoto describió el antiguo monumento como una tumba levantada por esclavos para un rey tirano que reinó después del faraón Ramsés II, alrededor del año 1000 a. C. Para otro griego, Diodoro Sículo, el faraón que mandó a construir la pirámide tendría tanto miedo del pueblo al que explotó que ni siquiera habría sido enterrado en ella, optando por una tumba secreta en otro lugar.
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