Estamos a una cuadra de una Unidad de Policía Comunitaria en el centro del puerto principal y CarolinaQuil pega unas figuras de Mitsuki, personaje que funciona como su avatar y suele realizar todo tipo de actividades cotidianas o de fantasía, desde aeróbicos a caminatas espaciales. En la pared hay también pósteres que cuestionan a la sociedad y hablan del punk y de rebelarse contra el sistema. Ella hace paste up, un arte efímero, en Guayaquil, una ciudad de lo efímero.
Carolina tiene prisa y parece que está en una especie de trance porque no responde ni habla. Solo pega en silencio, con movimientos que parecen de esgrima. Casi de inmediato se estacionan frente a nosotros una camioneta y una moto del municipio. Pitan y nos miran con cara de malotes, pero los ignoramos. Se quedan observando todo.
Solo entonces me percato de que en el edificio de enfrente hay alguien observando desde la ventana. No se puede ver quién es. Solo se atisba su silueta tras la cortina. Cuando termina de pegar, Carolina me dice que no se había percatado de la presencia de los municipales. Agarra sus cosas y camina de prisa, aprovechando que el semáforo está en rojo.
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