El arte contemporáneo se “centraliza” en Guayaquil

Son galerías y espacios de arte que tienen, en promedio, uno o dos años en el centro de Guayaquil. Buscan impulsar la obra de artistas emergentes. Aquí, una mirada al mapa del circuito independiente de arte contemporáneo que se ha trazado en el puerto principal. 

Vista de la exposición Mantengo la urgencia de reconciliar de Sofía Salazar Rosales en la Galería Junnin, Guayaquil, 2022. Fotografías Joshua Degel

Es un edificio antiguo, de 1948, en un piso 2. Ahí se gesta una idea que no solo ha refrescado la atávica —aunque bien conservada— arquitectura que la alberga, sino el panorama artístico guayaquileño actual. 

Libbi Ponce es artista y curadora. En 2021 abrió uno de los seis espacios independientes de arte contemporáneo que se han sumado a la propuesta cultural del centro de Guayaquil. Alquiló como casa un departamento en Junín y Baquerizo Moreno, en el que después comenzó a funcionar Juniin, una galería de arte que se inauguró con la muestra Las piernas me tiemblan de alegría de Stephano Espinoza Galarza. 

“Él es de Guayaquil y nunca había tenido una exposición individual aquí”, cuenta Juan Felipe Paredes, el curador de esta exposición. A raíz de este trabajo se conectó con Libbi y desde entonces ambos manejan Juniin.

Paredes explica que los artistas que les interesan tienen discursos críticos y su obra también es política y confrontativa. Libbi complementa la frase de Paredes y cierra con un “son artistas que no se ven tanto”.

Alrededor de ellos, a una prudente distancia una de otra, se despliegan esculturas hechas con cemento, vidrio, hierro, parafina, resinas y cacao. Pertenecen a la muestra Mantengo la urgencia de reconciliar de Sofía Salazar Rosales, quien expone por primera vez en el Ecuador. 

Sofía nació en Quito, estudia actualmente en París y, por el recorrido que pudo hacer durante su estadía en Guayaquil, destaca que están pasando “demasiadas cosas” en la escena de artes visuales de esta ciudad porteña. 

La investigadora de arte Matilde Ampuero refiere que el centro del puerto principal ha sido la zona en que tradicionalmente se han asentado estas propuestas, en especial, desde los años ochenta. 

“El centro de la ciudad era el lugar de las galerías. Estuvo la de Madeleine Hollaender, primero al lado del Consulado Americano y luego en la avenida del Ejército. Estuvo (y está) la Casa de la Cultura con la Pinacoteca (Manuel Rendón Seminario), antes de que se abra el MAAC (en 2004) y por un tiempo también Las Peñas fue un espacio bien importante”, relata. 

La autogestión, la salida 

Saliendo de Juniin, en menos de cinco minutos de caminata, se llega a Onder

Es una comunidad artística creada por Juan Carlos Vargas y David Orbea. 

“Siempre hubo estas ideas de juntarse con gente para crear algo porque no había espacios. No había acceso, no había políticas culturales. Era como que te graduabas y no hacías nada”, se acuerda Juan Carlos en la nívea sala expositiva de Onder que desde junio de 2021 queda en Mendiburu y Baquerizo Moreno. 

Como muchos de sus pares, él estudió en el Instituto Superior Tecnológico de Artes del Ecuador (ITAE) —el primero de su tipo en Guayaquil—, que fue absorbido luego por la UArtes, donde terminó licenciándose.

“Queríamos visibilizar artistas emergentes, movernos a nosotros y mover a nuestros compañeros”, agrega Vargas. 

Con ese objetivo, en 2017, él y David abrieron Violenta en el sur y cuando este proyecto llegó a su fin gestaron Onder. Lo hicieron al ver que había artistas que no tenían quién les vendiera su obra ni un lugar para producirla. Por eso, arrendaron el departamento donde hay talleres en las que vendrían a ser habitaciones. 

Casa del Barrio es una galería ubicada en el mismo lugar en el que funcionó, entre 2008 y 2015, Espacio Vacío.

Andrea Moreira y Janio Navarrete alquilan uno. “Lo hablamos con Janio porque nos gustó este tema de estar siempre activos. Yo, en casa, trabajaba en la madrugada porque tengo un hijo (…) y cuando ya se dormía, me ponía a producir”, recuerda Moreira sobre la dinámica que mantenía antes de su arribo a Onder. 

En noviembre ella expondrá en Casa del Barrio, que está ubicada en el mismo lugar en el que funcionó Espacio Vacío, entre 2008 y 2015.

Fundado por Giuliana Vargas, este espacio de arte contemporáneo comenzó su actividad hace un año en la calle Panamá, que se ha convertido en un movido punto turístico, principalmente gastronómico, de la ciudad.

Para Matilde Ampuero es esta calle la que ha “dinamizado” la actividad de este tipo de espacios, ya que “se conecta con todo el circuito”. 

Viejas y nuevas historias 

La presencia del Museo Nacional del Cacao también es vista por la investigadora como un factor que “puso en el mapa la cuestión del arte”, aunque de manera más institucionalizada. 

Este museo abrió sus puertas en julio de 2021 en la que otrora fue la Casa Patrimonial Guzmán Aspiazu, que el Municipio de Guayaquil restauró y concesionó. 

Allí, Stephanie García, directora de Gestión Cultural e Innovación, impulsó la apertura de la Sala MuCAO, a través de la cual buscan que los visitantes que se acercan atraídos por la historia del cacao conozcan el arte contemporáneo

Como hasta antes de asumir su rol en este museo estuvo por años fuera del país, Stephanie dice haberse quedado “fascinada” con el “boom de artes visuales” que percibió a su llegada a Guayaquil. 

Ivanna Santoro y Andrea Mejía son parte de ese fenómeno. Ellas son las mentalizadoras de Textere, una de las muestras colectivas que han tenido lugar en la Sala MuCAO. 

Andrea cuenta que, tras haber presentado su propuesta, que juntó a once artistas emergentes de la escena local, les dieron la apertura. Pero aclara que eso no siempre pasa. 

“No resulta fácil acceder a un espacio expositivo”, manifiesta, y agrega que hay que tener en cuenta que cada uno tiene sus propios parámetros de selección de proyectos y que, en su conjunto, aún “son pocos para lo que demanda la escena”. 

Las causas del “boom de artes visuales” 

La presencia de la UArtes, establecida en el centro en 2013, es vista por varios actores del medio como un factor clave para el crecimiento de la escena local. 

Ha habido un aumento de estudiantes (entre 2018 y 2022 se graduaron 103 personas de Artes Visuales), pero también de público y compradores. En esta última línea el artista Juan Carlos León resalta la labor que hicieron Pilar Estrada y Eliana Hidalgo en la formación de público, cuando gestionaron la galería NoMíNIMO, que cesó su actividad en 2017. 

En la fotografía una parte del “personal” de Onder, una comunidad artística creada por Juan Carlos Vargas (der.) y David Orbea (izq.).

“Con ellas arranca toda una serie de nuevos coleccionistas en Guayaquil”, comenta León. Pero hay un factor que por fuera del arte también habría contribuido al actual momento: la covid-19.

“Creo que la pandemia tuvo muchísimo que ver. La gente empezó a darse cuenta de la importancia que tiene el arte en la vida cotidiana”, considera Mauricio Aguirre, coleccionista y director de la galería N.A.S.A.L., ubicada en Puerto Santa Ana. 

Y explica su mirada: “Entre marzo y mayo de 2020, con mis colegas galeristas no vendimos, pero en junio empezaron a salir ventas como locas. La gente no viajó, tenía sus ahorros, y se dio cuenta de que, si estaba encerrada en la casa, pues qué mejor que comprarse un cuadrito para arreglar ese espacio en el que estaban”, explica desde México. 

En ese país está la otra sede de N.A.S.A.L., aunque es la de Guayaquil su galería insignia. 

Allí, hasta el 24 de septiembre, estuvo la exposición Vivas piedras de Karina Aguilera Skvirsky. Le antecedieron los cuadros de la muestra Toothless Allstars de Jean Carlo Guizado. “A Jeanca lo conozco hace años”, cuenta Mauricio, ya que en N.A.S.A.L., normalmente, solo acoge a artistas a los que les ha seguido la carrera por mucho tiempo. 

“Hubo un interés mutuo por colaborar pero, por lo general, tu arduo trabajo es el que atrae las oportunidades”, opina, por su parte, Jean Carlo. Él ya está representado por este espacio en el que meses atrás expuso Lisbeth Carvajal. 

En relación con la cantidad de artistas activos en el medio, Carvajal también cree que el circuito es todavía pequeño. Por este motivo, a fines de agosto, ella y la gestora cultural Adriana Arias abrieron Hifa Casa Creativa, en el barrio del Astillero. 

“La idea es estar abiertas a otras posibilidades, que no sean solo pintura, sino generar distintas actividades culturales. Y otro de nuestros objetivos es trabajar solo con mujeres y disidencias porque, lamentablemente, a lo largo del tiempo, quienes han tenido más posibilidades han sido los hombres”, comenta Adriana sentada en la amplia y al momento vacía sala del más joven de los espacios independientes del panorama de las artes visuales de Guayaquil. 

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