Skip to main content

Aroma

por Leisa Sánchez

Firmas001a 1

Rafael Lugo
Ilustración: Tito Martínez
Edición 456-Mayo 2020

Firma Lugo

Escribo un viernes 27 de marzo. Conforme al calendario editorial de esta revista, este texto será publicado en un poco más de un mes. En este encierro para escapar de la covid-19 (la RAE dice que es femenina) y en la espera diaria de malas noticias, ¿qué estará pasándonos dentro de un mes?

Con una pandemia exponencial y asesina, un mes es demasiado. No se puede mirar al futuro con tanto tiempo de anticipación. Julio Verne escribió Alrededor de la luna casi un siglo antes del alunizaje del Apolo XI. Qué tiempos tan relajados.

No sabemos, hoy 27 de marzo, todavía la real magnitud de la enfermedad, ni de los efectos económicos, sociales e institucionales que experimentaremos. Y aunque lo que tenemos como información confirmada no alcanza para muchos pronósticos fiables, sí es suficiente como para angustiarnos. 

[rml_read_more]

También nos sirve para ubicar en su sitio a varios personajes criminales de este país. Largos años deberemos recordar a quienes usaron esta crisis para hacer la politiquería más ruin que ha visto la historia del Ecuador. El enfermo del ático —un verdadero psicópata—, unos cuantos de sus parásitos, y otros examigos y exenemigos que ya se le habían caído de las comisuras del morro, han tratado de generar el caos sobre el caos, gastando baba y miles de dólares en campañas de desinformación, sin un miligramo de real interés por la salud o por la economía que ofrecen proteger. Largos años deberemos recordar y sufrir que la inexistencia de un fondo para contingencias básico para cualquier país y sus eventualidades, se lo debemos a él y a ellos. Ojalá la memoria no nos falle, ni la responsabilidad de hacer conocer a quien todavía ignora, quiénes son los causantes del estado deplorable del IESS, y de la salud pública del país. Los de antes y los de hoy.

De la incertidumbre solo se libran los nombres de quienes han sido verdaderos villanos. Y también los nombres de quienes han puesto sus manos y voces para dar ánimos a la gente del país. Músicos nacionales que regalaron con evidente amor su trabajo y talento, personas como Karla Morales y otros más, que sin ambición ni obligación miraron hacia fuera de sus propias angustias. Que la memoria de la nación también les sea justa.

Si todavía no éramos conscientes de que millones de ecuatorianos necesitaban el trabajo de su día a día para subsistir, hoy ya no podemos ignorarlo. Si dentro de un mes o dos esta nación no sufre de saqueos (de delincuentes comunes y de desesperados seres famélicos), ¿a quién deberíamos agradecérselo? Hasta la fecha se han repartido cientos de miles de canastas básicas por iniciativas del Gobierno y del sector privado. ¿Serán suficientes para evitar lo que se vuelve sencillo de entender y hasta de justificar?

¿Quienes sienten verdadero fastidio fanático por el Estado van, dentro de las capacidades de sus intelectos, a revisar sus posturas?, ¿quienes creen que hay que rezar por la vacuna al mismo dios que permitió el virus van a reflexionar sobre las responsabilidades del hombre?, ¿quienes preferimos el liberalismo vamos a estar listos para evolucionarlo para que sea útil en esta nueva situación de la humanidad?, ¿quienes miran al otro lado cuando el delincuente comparte su misma ideología van a encontrar el camino hacia la honestidad?

Tengo un chat en el teléfono celular con amigos inteligentes. En orden de edades: Fernando, Óscar, Arturo, Xavier, Iván, y Miguel, han escrito cosas lúcidas con relación a quiénes seremos luego de esta mortandad. Parafraseando a alguien, hemos casi concluido que seguiremos siendo los mismos cavernícolas con trajes de astronautas, pero que si tenemos suerte nuestras instituciones mejorarán un poco. Aunque para saberlo, mucho más tiempo que un mes deberá caerse del calendario imaginario en el que todos hemos acordado vivir.

Pero vuelvo al corto tiempo con el que estaremos midiendo el futuro en estos tiempos de pánico. Acabo de colgar el teléfono luego de hablar con mi madre, le he pedido una receta para hacer pan. Un pan que me ha encantado toda mi vida.

Un pan cuyo aroma no me atrevo todavía a enfrentar.