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Vivir para las arañas

por Isabel Alarcón

Las arañas aparecieron en el planeta hace 380 millones de años, incluso antes que los dinosaurios, pero son uno de los grupos menos estudiados. Una pareja de investigadores se dedica a revelar el mundo aún inexplorado de estos invertebrados y a derribar los mitos que existen en torno a su aspecto.

Aumento de los latidos del corazón, sudoración excesiva y aceleración de la respiración son algunos de los síntomas que experimentan quienes sufren aracnofobia. Según la Universidad Carnegie Mellon de Pittsburgh, el 3 % de la población mundial tiene este miedo intenso e irracional a las arañas, y tres de cada cuatro personas temen encontrarse con estos animales.

Nadine Dupérré y Elicio Tapia no tienen aracnofobia, pero experimentan estas sensaciones en cada encuentro con los arácnidos. En su caso, cruzar miradas con esos ocho ojos, tocar sus patas peludas o simplemente hallar una telaraña en medio de la selva implica que su corazón se desboque, al saber que cada vez están más cerca de descifrar el mundo desconocido de las arañas.

Se estima que hay más de 47 000 de estas especies en el planeta y en el Ecuador la lista oficial llega a mil. Pero Dupérré, que lleva más de veinte años estudiando a estos invertebrados, sabe que esta cifra no representa ni el 10 % de lo que realmente debe existir en un país megadiverso como este. Junto con Tapia, están haciendo que la lista crezca. Ya llevan alrededor de seiscientas especies de arañas descubiertas. No en vano se han convertido en referentes en el estudio de estos animales en el país y en el mundo.

Y hay más, en 2023, estos investigadores rompieron su propio récord. En su última publicación científica describieron 38 nuevas variedades de tarántulas. Con su hallazgo, convirtieron al Ecuador en el país con más número de arañas de este grupo (Linothele). Esta tarea, que reconocen como su pasión, los ha llevado a otros continentes, a formar una familia juntos y a establecerse en Alemania para profundizar en sus investigaciones.

Trabajo de detective

Nadine Dupérré utiliza un microscopio electrónico de barrido (SEM) para ver a las arañas con todo detalle.
Nadine Dupérré utiliza un microscopio electrónico de barrido (SEM) para ver a las arañas con todo detalle. Este estudio permitió a Platnick y Dupérré definir dos nuevos géneros de arañas: Niarchos y Scaphios.

Nadine Dupérré puede pasar días observando a una araña en su laboratorio. A través de su microscopio analiza cada detalle de su cuerpo, después mide sus extremidades y compara las características con otras especies. Finalmente dibuja todos los hallazgos. Un rasgo que para los ojos no entrenados es irrelevante, para una científica como ella, puede significar el descubrimiento de una especie.

“Le das un nombre, la describes y la presentas a otros científicos. Es superemocionante ser la primera persona que ha visto y colectado a una araña”, dice la investigadora de49 años.

Desde que era una niña, en su natal Canadá, se interesó por las arañas, pero su pasión se afianzó en la universidad. Mientras sus compañeros se asombraban con los colores de las mariposas, Dupérré descubría, por ejemplo, cómo funcionaban los dientes de estos arácnidos, capaces de paralizar a las víctimas con una mordida.

Su primera publicación científica fue sobre la Tapinocyba prima, una araña de 1,05 mm. Describir a esta especie, que es más pequeña que una arveja, le tomó más de dos semanas. Ahora, veinte años después, ese trabajo en laboratorio le requiere dos horas aproximadamente.

“Estaba tan feliz en ese momento, que dije quiero seguir en esto toda la vida”, cuenta la investigadora. Al poco tiempo escribió el primer libro de arañas de Quebec, Canadá, y fue la ilustradora de la primera guía de las especies de América del Norte. Sus publicaciones la llevaron a trabajar al Museo de Historia Natural de Nueva York, con Norman I. Platnick, uno de los aracnólogos más famosos del planeta. Gracias a Platnick no solo aumentó su dedicación a las arañas, sino que conoció el Ecuador, el país que se convertiría en su objeto de estudio y su hogar.

Junto con otros diez investigadores de diferentes partes del mundo, Platnick y Dupérré armaron en 2008 una de las mayores expediciones de entonces para buscar arañas en el Ecuador.

Norman I. Platnick
Norman I. Platnick es curador emérito —y reconocido especialista mundial en arañas— de la División zoológica de invertebrados del Museo Americano de Historia Natural.

“Cuando regresamos con las arañas a Nueva York, nos dimos cuenta de que más de la mitad eran especies nuevas de una sola familia”, recuerda la investigadora. Durante los siguientes tres años vino al Ecuador para recolectar más especímenes y llevarlos al museo. La diversidad era tan grande, pero la información tan escasa, que necesitaba llenar estos vacíos.

Una pareja arácnida

Si Dupérré quería continuar en el Museo de Nueva York, debía cambiar las arañas por los moluscos porque, tras la jubilación de Platnick en 2012, se cerró el espacio destinado al estudio de los arácnidos. Pero la investigadora no quería renunciar a su sueño. Por eso, ese año decidió mudarse al Ecuador llevada por dos amores: las arañas y Elicio Tapia.

Conoció a este último durante la investigación de 2008. Tapia fue el guía de esa expedición y, durante los siguientes cuatro años, las arañas se convirtieron en la excusa perfecta para seguir en contacto. “Nos mandábamos fotos de los especímenes”, dice entre risas Dupérré, y acepta que esta era su forma de coqueteo.

Mientras la investigadora relata los inicios de su aventura, Tapia se une a la conversación. “Aquí tenemos a la experta”, exclama con orgullo cuando entra a su hogar, y se sienta junto a su ahora esposa para escuchar la entrevista. Ella le pide que se quede por si hay algún término en español que no pueda explicar.

Cuando se mudó, la experta ni siquiera hablaba el idioma, pero ahora no tiene problemas en definir incluso los conceptos científicos. Mientras la investigadora cambió Estados Unidos por el Ecuador, Tapia reemplazó los sapos por las arañas.

Ahora se complementan. Él es el ayudante de Dupérré en el laboratorio y en la selva los roles se intercambian porque Tapia es un experto en identificar y atrapar arañas. Porque durante toda su niñez vivió en una zona subtropical entre Cotopaxi y Santo Domingo. Pero, además, posee una habilidad especial para detectar una tela o cualquier pista en el suelo y en los alrededores de los árboles. De hecho, tiene una técnica para atrapar arañas: las inmoviliza aplastándolas suavemente con su mano, después las agarra del abdomen y las lleva al laboratorio para que su esposa las analice.

Investigadores de las arañas.
Elicio Tapia y Nadine Dupérré son una pareja de investigadores que se dedican a investigar el mundo desconocido de las arañas.

Una de sus mayores aventuras fue estar frente a frente con una araña de trece centímetros, que es la más grande que han visto hasta ahora en el Ecuador. “Ese tipo de encuentros nos emociona porque no puedes ver algo así todos los días. No es que no nos dé miedo, pero sabemos cómo tratarlas y cómo cogerlas, pero siempre hay que tener precaución”, admite Tapia.

Derribando mitos

Tapia y Dupérré saben que el aspecto de las arañas, especialmente de las tarántulas, puede ser intimidante, pero no son tan peligrosas como se piensa. Con sus investigaciones se esfuerzan por derribar los mitos en torno a estos animales.

Ella explica que el veneno de las tarántulas causa daño a sus presas, pero no a los humanos. La mayoría no son agresivas y muerden solo para defenderse. En el mundo, dice, hay diez especies peligrosas y en el Ecuador las más comunes son la viuda negra y la araña del banano. En el veneno de esta última hay una neurotoxina que puede causar graves consecuencias.

Portada libro "Spiders of North America"
Nadine fue la ilustradora del manual Spiders of North America.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) corrobora que muy pocas son peligrosas. Este organismo incluye a 175 especies de arañas, de las más de 47 000 que hay en el mundo, como de riesgo para las personas.

Tapia ya perdió la cuenta del número de veces que le ha mordido una tarántula en la selva. Nunca ha sido grave, pero describe que, a pesar de que inyectan un tipo de anestesia con sus dientes, se siente un dolor similar al que causa la mordida de un perro pequeño. La sensación de tener descargas eléctricas en la zona afectada persiste por algunos días.

El aspecto de estos animales también provoca curiosidad y hasta temor. Al respecto hay que aclarar que existen tarántulas y arañas de diferentes colores, tamaños y formas, pero todas tienen ocho patas. Lo que sí varía es el número de ojos. Hay especies, como las que viven en la cueva de los Tayos, en la Amazonía ecuatoriana, que incluso no tienen ojos. “Muchas ya han desarrollado estructuras anatómicas adaptadas a vivir en las cavernas”, dice Dupérré. El problema es que se conoce muy poco sobre estos invertebrados y, al ser endémicos, tienen más riesgos de desaparecer antes de ser descubiertos.

38 especies para el Ecuador

El desconocimiento no solo afecta a la ciencia, sino al equilibrio del planeta, considerando que la desaparición de un grupo de animales implica un efecto en cadena. En el caso de las arañas, controlan las poblaciones de insectos y son el alimento de otros especímenes.

Según el Instituto Nacional de Biodiversidad (Inabio), la lista oficial de arañas en el Ecuador alcanza las mil especies, que es menos del 25 % de la diversidad conocida de estos animales en los países vecinos de los Andes. Ni para el Inabio ni para Dupérré esta cifra hace sentido, ya que este es un país megadiverso.

Canadá, por ejemplo, que no se caracteriza por su biodiversidad, tiene dos mil especies. La pareja de investigadores calcula que el Ecuador debe llegar a las diez mil variedades de arañas, incluyendo tarántulas. Pero hace falta investigarlas.

“En el Ecuador y en los trópicos estudiar la biodiversidad como las arañas o los insectos resulta casi un esfuerzo personal. Quienes lo hacen invierten plata y tiempo de la familia”, dice Tapia, mientras mira a su esposa que admite en voz baja: “No es fácil”. Una beca de National Geographic fue uno de los principales aportes para sus descubrimientos, al igual que un financiamiento que obtuvieron de la Universidad de Hamburgo. Así publicaron este año el hallazgo de 38 especies nuevas.

Durante los últimos diez años recolectaron y analizaron a estas tarántulas medianas, del género Linothele, que viven en la selva ecuatoriana. El aporte de esta publicación es que con ella se quintuplica el número de especies de este grupo que se conocía en el Ecuador.

“Es interesante porque es una tarántula que hace una tela superlinda. Vive en un hueco escondida y sale para comer cuando caen cosas en su tela”, cuenta Dupérré, orgullosa de su hallazgo. A ella no le sorprendería que, más temprano que tarde, en Colombia o Perú se descubrieran más arañas de este grupo, pero por ahora el Ecuador lleva la delantera.

Una de las especies descritas en esta publicación es Linothele anabellecitae. Fue nombrada así en honor a su hija. Anabel, de nueve años, que lejos de tener miedo a las arañas, acude a las expediciones y ayuda a sus padres a encontrar más animales.

Para seguir con el estudio de las arañas ecuatorianas, los tres se mudaron a Alemania. Dupérré consiguió un trabajo como aracnóloga en Hamburgo y así van a financiar sus investigaciones. “Seguiremos con estos animales hasta morir”, dice Tapia. Mientras tanto, están construyendo una reserva en Santo Domingo para proteger a las especies de arañas en peligro y mostrarles a otros que estas no hacen daño.

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Acerca de Isabel Alarcón

Periodista especializada en medioambiente. Trabajó en Diario El Comercio. Forma parte de YouTopia Ecuador, portal enfocado en temas ambientales. Publica en medios nacionales e internacionales como GK, La Barra Espaciadora, Diálogo Chino, Mongabay Latam, Insight Crime y Climate Tracker. Becaria de International Center For Journalist (ICFJ), Earth Journalism Network, Fundación Gabo y Pulitzer Center. Finalista del Premio Nacional de Periodismo Jorge Mantilla Ortega 2022.
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