Juan Sebastián Aguirre, Apitatán para los amigos, exhibe por primera vez su trabajo en el Museo Nacional del Ecuador (MuNa). Este artista urbano montó una instalación que invita a reflexionar sobre las luchas locales por la defensa de la tierra y el agua.
En la entrada del MuNa se exhibe un puñado de obras de nombres que son referentes del arte ecuatoriano: Estuardo Maldonado, Dolores Andrade, Miguel Varea y Jaime Andrade Moscoso. Junto a estas piezas, hasta el 31 de julio, estará la instalación ‘Guardián del Territorio’, del quiteño Juan Sebastián Aguirre.
Si bien el trabajo de Apitatán es una novedad en el Museo Nacional, su obra no resulta ajena para las miles de personas que durante los últimos 15 años se han encontrado con uno de sus murales callejeros. Obras de gran formato que, al inicio, respondían más a inquietudes personales y que hoy son el resultado de largas investigaciones.
Tanto ahora como en el pasado, sus murales y pinturas se distinguen por la presencia de la figura humana. Su impronta está en los rostros, en los ojos, en las narices, en las orejas y hasta en los labios; caras, muchas de ellas autorretratos, en las que siempre aparecen objetos decorativos o símbolos de los pueblos milenarios.

‘Guardián del Territorio’
La pieza central de ‘Guardianes de la Selva’ es un cuadro pintado con técnica mixta: acrílico, aerosol y pintura sintética. Su personaje central es un hombre indígena, un guerrero con lanza y escudo, que viste jeans y botas de caucho. Está parado en medio de la selva, delante de unos mecheros y junto a un jaguar, un águila arpía y una serpiente, animales que representan los tres mundos que son parte de la cosmovisión ancestral:
- serpiente: Uku pacha, inframundo. Es un animal vinculado a los ancestros y a la memoria. Es la guardiana del agua.
- jaguar: Kay pacha, mundo terrenal. Es el custodio del equilibrio en la naturaleza. Cuando una persona mayor muere, se cree que regresa a la selva transformado en jaguar.
- águila arpía: Hanan pacha, reino celestial. Es un animal al que se conecta con el mundo del cielo, de los maestros ascendidos, de los espíritus y de los dioses.
Para Apitatán, este hombre representa a todos los que luchan por cuidar la selva y los bosques. “Es el arquetipo -dice- del guerrero que hay en todas las culturas”, pero con sus particularidades, entre ellas el ajuar que cuelga de su cuello -réplicas que son parte de la colección arqueológica del MuNa- y una caja de llipta -contenedor de cal, que los pueblos originarios usaban para mezclar la hoja de coca-.
Junto a esta pintura, y como parte de la instalación, hay piezas arqueológicas de las culturas Jama-Coaque, Bahía, La Tolita y Manteña. También hay una serie de documentos de archivo y registro fotográfico, que dan cuenta de las luchas de los habitantes de las selvas y los bosques y de las consecuencias de la contaminación de la tierra y el agua, entre la más común, el aumento de personas con cáncer.
Esta instalación bien podría entrar en diálogo con algunos murales que Apitatán ha pintado en el espacio público, obras en las que no solo lanzó una pregunta o inquietud personal, sino que sirvieron para generar un diálogo en la sociedad ecuatoriana, como ocurrió con el mural sobre la igualdad de género que pintó en Quito o el de la eterna corrupción que plasmó en un edificio del Centro de Guayaquil.

'Ananayes' de 'Guardian del Territorio'
Entre los detalles de esta instalación destaca:
- El marco de la pintura fue tallado en cedro, en el taller de Pedro Flores, en la ciudad de Ibarra.
- La instalación fue montada a partir de la silueta de una media chakana (cruz andina).
- Entre los objetos que se exhiben está una caja de llipta, que se obtenía de cochas tostadas y pulverizadas.
- También se exhibe un puñado de hojas de coca del Chocó Andino; símbolo de resistencia de los pueblos andinos,
Apitatán y el mundo espiritual
‘Guardián del Territorio' no es una anomalía en la carrera artística de Apitatán. En los últimos años, este artista urbano se ha conectado con el mundo espiritual a través de comunidades del Chocó Andino y de la Amazonía ecuatoriana. Allí ha pintado varios murales, donde el jaguar se ha convertido en protagonista de sus historias.
En ‘Murales que evocan espíritus’, el episodio 147 del pódcast de Radio Semilla, cuenta que esta conexión también se gestó gracias a su cercanía con plantas de poder, como la ayahuasca o el sampedro. Todo esto ha influido tanto en su trabajo artístico, al punto de que está convencido de que “la forma más eficiente de resistencia es uniendo la protesta con la espiritualidad”, un ejercicio que en la práctica ahora ve reflejado en el MuNa.

Desde el momento en que dejó el mundo de la publicidad, Apitatán tuvo claro que pintar murales en la calle era una forma que tenía para intentar democratizar el arte. También, que muchas veces su trabajo sería punzante pero efímero. Ahora sabe que el oficio de un artista no se limita a ciertos formatos y que exhibir en el Museo Nacional es una opción para que su mensaje tome otros matices y llegue a otros públicos.
En ese contexto, ‘Guardián del Territorio’, que también incluye la exhibición de pinturas en el Museo Camilo Egas y en Centro Cívico Cultural de Chillogallo, es el inicio de una serie de obras que reunirá en una exposición programada para 2026. “La idea es explorar distintos arquetipos, además del guerrero, junto con otras plantas y animales”.

