De tanto mirar el rostro de Anahi Hoeneisen en los afiches de La llamada pegados en la Gonzáles Suárez decidí ir a ver la película. El argumento era bastante simple pero la protagonista, que aparecía casi todo el tiempo en la pantalla, sacaba adelante el asunto con buen oficio. Y resultó que el colegial rebelde que daba origen a la llamada del rector era también su hijo en la vida real. No, no era la primera vez que Anahi (que en lengua guaraní quiere decir corazón) y Nicolás actuaban juntos. Ya compartieron locaciones en Esas no son penas, película ‘artesanal’ que ella codirigió con su marido Daniel Andrade, así que eso de hacer películas era una cuestión familiar. Parafraseando el eslogan católico: Familia que rueda unida, permanece unida.
Eso lo compruebo el día de la entrevista pues, mientras conversamos en el comedor de su casa de La Floresta, Daniel trabaja adentro y Nicolás anda por la cocina. Ella parece habituada; soy yo el que no me acostumbro a ese pelo rubio que luce distinto de los afiches. Pero en realidad estoy pensando en la más reciente producción de la familia: Ochenta y siete, que aborda una vez más el paso del tiempo y la nostalgia de la adolescencia. Tema universal donde los hay, como lo sabe cualquier tanguero o pasillero. Ya llegaremos a eso; antes me interesa averiguar la relación con su papá, quien participó en el gran equipo internacional que indagó en la adolescencia del universo y descubrió la llamada ‘partícula de Dios’, con premio Nobel incluido.
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