Amigos
Share on facebook
Share on twitter
Share on whatsapp

Amigos

AMIGOS

Por Mónica Varea

“El hombre es esencialmente sociable, coma”, dictaba la doctora Álava. “No me parece”, respondía yo, un poco entre dientes pero con un tonito prepotente que lograba exasperar hasta al más tranquilo de los maestros del cuarto curso sociales. “¡Explíquese Varea!” Gritaba la profesora, y yo empezaba a defender mi teoría anteponiendo cual prefijo el consabido “o sea” y soplándome el flequillo. A renglón seguido, sin dejarme terminar ninguna de mis locas ideas, me echaba de clase por un día, una semana, un mes y hasta un trimestre en que yo pasé felizmente confinada en la biblioteca.

Más allá de la teoría que no recuerdo si era de Paul Rivet o de Augusto Compte y mi constante gana de fregar la pita, yo a mis 16 años estaba completamente convencida de que mejor se vivía solo.

Yo creía que en mi vida no había hecho muchos amigos, que los dedos de la una mano me sobraban para contarlos, mi familia no es muy larga y mi capacidad de estar sola es enorme; sin embargo, cuando salió a la luz mi primer libro infantil, entendí finalmente por qué la doctora Álava se salía de quicio ante mi irreverencia y se enfurecía ante mi afirmación.

Organizar presentaciones de libros o charlas es un trabajo al que hay que ponerle mucha atención y, sin importar cuantas veces lo haga y repita uno a uno los detalles, los nervios de última hora y el miedo de que no asista ni una alma son inevitables; pero organizar la presentación de mi propio libro fue un trabajo que me acarreó una serie de sentimientos encontrados, de emociones y de miedos nuevos.

El día escogido al parecer no fue el mejor, no recuerdo si había fútbol o sabatina presidencial en el estadio Atahualpa. El temor de que hiciera frío, hubiera lluvia y tráfico no eran especialmente favorables y, si a esto le sumamos que mi pelo estaba erizado que no cedía a ninguna crema de peinar; que derramé el maquillaje en una fina chaqueta recientemente heredada; que al vestido previsto para la ocasión le estalló el cierre y que el pantalón que podía reemplazarlo me quedaba muy largo, el mal augurio era inminente.

Llegué atrasada, aterrada, con el pelo parado y sin la ropa adecuada, sino con una ‘mala traza’ de última hora y me quedé paralizada al ver que, a pesar de todo, el local se desbordaba. Entré alelada, como quien entra a un sueño y el primer abrazo me despertó de golpe a la realidad, ¡cuánta gente, cuánta calidez y cariño, en ese día inolvidable!

“El hombre es esencialmente sociable…” y querendón y querible, repetía mientras sentía que necesitaba 15 manos para contar a los amigos, quienes con seguridad sí asistieron a clase, sí atendieron a sus propias doctoras Álava y no necesitan 150 abrazos en una sola mañana, porque desde siempre entendieron la importancia de tener amigos.

Comparte este artículo
Share on whatsapp
WhatsApp
Share on facebook
Facebook
Share on twitter
Twitter
Share on linkedin
LinkedIn
Share on email
Email

Más artículos de la edición actual

Columnistas

Birus

Por Huilo Ruales Ilustración: Miguel Andrade Edición 457-Junio 2020 Finales de invierno, 2020 Hola, Birus, le digo al abrirle la claraboya por donde accede a

En este mes

Las pasiones de Mahler

Por Fernando Larenas. Edición 457 – junio 2020. Un compositor de dimensiones titánicas, ubicado en la fase tardía del Romanticismo, es lo primero que se

Arte

Las bestias amigables de Motomichi Nakamura.

Por Daniela Merino. Fotografía:  cortesía de Motomichi Nakamura. Edición 457 – junio 2020. “La sociedad promueve muchísimo la violencia, pero luego no nos deja hablar

En este mes

Mientras embalo mi librería

Por Karina Sánchez. Fotografía: cortesía. Edición 457 – junio 2020. Tolstói, en el centro-norte de la capital, ha sido muchas cosas durante los últimos diez

En este mes

Ojo en la hoja

“Los buenos libros se parecen en que son más ciertos que si hubiesen sucedido de verdad y en que, cuando terminas de leerlos, sientes que todo te sucedió y después, que todo te pertenece: lo bueno y lo malo, el éxtasis, el remordimiento y el dolor, la gente y los lugares y cómo estaba el tiempo.”
― Ernest Hemingway

También te puede interesar

Columnistas

Es hora de apagar la luz.

Por Mónica Varea. Ilustración Sol Díaz. Edición 428 – enero 2018. “La casa, ya es otra casa, el árbol ya no es aquel…”, resuena la

Mónica Varea

¡FELIZ CUMPLE!

Por Mónica Varea   Los hijos a veces nos hacen la vida a cuadros, pero también hay ocasiones en las que nos la pintan de

Columnistas

Aquel cine nuestro de cada día.

Por Mónica Varea. Ilustración Sol Díaz. No sé a qué edad habré ido al cine por  primera vez, se llamaba Teatro Rex y colin­daba con

Mónica Varea

Epitafio

Por Mónica Varea /// Como un ritual morboso, durante mis insomnios suelo planear mi epitafio. Honestamente no quisiera que dijera alguna vulgaridad que no me

Mónica Varea

Buenos vientos

Por Mónica Varea Hoy me pasaron a otra sala, sin gente, sin ruido y sin ese sol enceguecedor. Las paredes están forradas con láminas de

Columnistas

Jorge Glaser.

Por Mónica Varea. Ilustración: Sol Díaz. Edición 437 – octubre 2018. Entraba a la librería con pasos cansados. Buenas, doctor, lo saludaban. ¿Algo para mí?,