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Alex Aguinaga: El Poder en la redonda

por Esteban Michelena

Esas callecitas tan vivas del barrio La Tola... Un niño más bien flaco, de cabellos rubios al aire, iluminados por el sol de agosto. Otros enanos de caritas pícaras, coshcos o greñudos; pantalonetas flojas y zapatos deslenguados. Todos corren en pos de un balón número tres, de esos hechos a mano en cuero vivo, a los que había que untar vela de sebo y ajustar el “poncho”, para que el inoportuno “bleris” no desbarate las jugadas.

Por canchas, el quebrado asfalto del tradicional vecindario; luego, el Parque Central de Los Laureles, al norte de Quito. Por arcos, los sacos y camisas de los pequeños peloteros. Alex Darío Aguinaga Garzón fue feliz así, con poco.

Pero con la pelota, pegada a sus pies como animalito cómplice e incondicional a su alegría. Y con el fútbol, que no los juguetes ni la ropa ni el remoto viaje a la playa, como inagotable exploración a los territorios de la dicha. Alex jugaba tres y cuatro partidos de aquellos de a diez goles primer tiempo, veinte se acaba. Hasta que el sol abandonaba el escenario y la cosa devenía en una épica de arcos abandonados y mete gol gana.

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Acerca de Esteban Michelena

Cronista y escritor. Luego de 36 años ha logrado un estilo literario y cinematográfico que, desde la crónica, mereció el Premio Nacional de Periodismo Jorge Mantilla de El Comercio por tres años consecutivos.
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