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Agustín Patiño: “Todos somos árboles que migran”

por Matilde Ampuero

Un mundo Earth es el nombre de la última exposición del artista Agustín Patiño, presentada en el Museo Antropológico y de Arte Contemporáneo (MAAC) de Guayaquil. En ella, el artista —nacido en Cuenca y residente en Estados Unidos— nos invita a transitar por diversos planteamientos visuales a través de 93 obras, entre pinturas de gran y pequeño formato, instalaciones y video, distribuidas en varias salas del museo.

Agustín Patiño
“Enigma del río”, 2022. Fotografía: Joshua Degel

Al ingreso de esta muestra, que podría calificarse como antológica, nos encontramos con un enorme lienzo expresionista, colgado a lo largo y ancho de la pared principal de la sala, que forma parte de la instalación “Guerra: bandera blanca”, compuesta también de una gran caja de madera, forrada en plástico negro, donde el artista ha colocado espejos rotos que reflejan una ciudad (pintura suspendida en cielo raso de la sala) que podría ser Nueva York.

Agustín Patiño
“Times Square: un mundo Earth”, 2001.

Sobre el título de la obra, Patiño comenta que al concebirla pensó llamarla “Los wagners de las putas guerras” porque cuando empieza a trabajar, nos dice, “me siento arropado por la fuerza de los nombres, mi refugio es la poesía y la palabra es siempre oportuna”.

Naturaleza, arquetipo de la madre

La dicotomía naturaleza-ciudad se encuentra presente en los temas e imágenes que se repiten constantemente en Un mundo Earth. Al respecto, el artista narra que viene de una familia matriarcal que tiene como figura central a la abuela: “Ese poder de las mujeres que siempre adoré”.

Agustín Patiño
“Fishing, pescando”, 2012.

“Todo se inicia en mi infancia más temprana. Nazco y crezco a las orillas del río Tomebamba, en San Roque, en El Vado, en un entorno que sentía bellísimo pese a la austeridad económica que me rodeaba”.

Justamente a esa inconsciencia infantil Patiño atribuye su actividad constante. De allí viene la serie Metrópolis y orillas, de las formas que veía surgir entre las rocas y la arena del río cuando era niño.

Al juego entre la hojarasca y las pequeñas piedras del río le debe sus estudios de Arquitectura y luego de Artes en la Universidad Central del Ecuador. Allí tuvo como maestros a Lenin Oña, a quien encontramos retratado, junto a su esposa, en uno de los cuadros que forman parte de la exhibición; a Marcelo Aguirre, cuya influencia transita por los enormes formatos y el gesto expresionista de la pintura alemana de los noventa; a Hernán Cueva, el grabador que dejó su impronta en el artista, al igual que Nicolás Svistoonoff y, finalmente, a Mauricio Bueno a quien Patiño agradece su acercamiento a otras herramientas, técnicas y posibilidades conceptuales del arte.

El arte sirve para todo

Agustín Patiño
“El espíritu el yo”, 1991.

“Es lo que estoy haciendo ahora, estoy frente a un río tratando de ver lo que viene a las orillas”, confiesa Patiño. Y aquí estamos, en el MAAC, a la orilla de otro río. Pero una de las impresiones que deja la muestra es que carece de información de la obra y su autor, información que simultáneamente podría detener el excesivo estímulo visual que ofrece la visita en su conjunto.

Esto porque en algunas salas la propuesta pictórica es repetitiva, por lo que el espacio, aunque amplio, se sobrecarga debido a una pintura llena de simbolismos y mensajes diversos; además, temas y formatos no se destacan en su función primera.

Agustín Patiño
“Viajando con los delfines”, 2020.

Son justamente los pequeños retratos de los hijos y amigos del artista, tal vez por contraste, los que más aprecio durante el recorrido, obras que, en su apariencia inacabada, fueron pintadas con gran virtud. Una curaduría esencial habría mejorado la exposición, pero el MAAC no tiene un curador.

Hablando sobre Un mundo Earth, Agustín Patiño destaca que su exposición reúne propuestas presentadas con anterioridad y bocetos de sus murales, obra pintada alrededor del mundo y en varias ciudades del país. “Todos somos árboles que migran... de plástico” es una instalación que surge como parte de las clases gratuitas que imparte a grupos de homeless, jóvenes y viejos abandonados, adictos que viven en refugios o en las calles de las ciudades que visita, ya sea Santiago de Chile, Boston o Nueva York.

Al respecto manifiesta: “Estoy siempre creando lazos de comunicación; el arte sirve para todo, alimenta, acompaña; el arte es catarsis”.

No puedo perder el tiempo

“Mi esposa, mis hijos, todos están en mis pinturas. No pago modelos, sino que ellos son mis modelos y todos están cumpliendo su rol. Pinto mi entorno como lo hicieron Lucian Freud, Rembrandt, los maestros... no hablo de otra cosa sino de mi vida”.

Patiño ha recorrido y ha vivido con su familia en lugares remotos de la selva amazónica, como Manaos, Puerto Rocafuerte y en el Yasuní, y también en grandes ciudades de Estados Unidos, país donde reside desde hace quince años.

“La mayoría de mis pinturas buscan retratar este mundo distópico de manera hiperrealista. A menudo pienso que ya estamos viviendo el mundo visionario de los escritores de ciencia ficción”, afirma.

Agustín Patiño
“San Francisco en la avenida Amazonas”, 1991.

Debido a ello, sus obras combinan imágenes de la selva y el paraíso perdido con los despojos que dejan en el paisaje los supervivientes de la metrópoli decadente y apocalíptica.

Frente al futuro apocalíptico

Agustín Patiño, al igual que muchos otros artistas en la actualidad, ha llevado sus búsquedas hacia temas ecológicos. Un futuro apocalíptico se reproduce continuamente en sus obras, cuyos escenarios reflejan la normalización de la vida en medio de la destrucción de la naturaleza.

Un mundo Earth abruma porque, en su intento por hacernos conscientes de la barbarie del mundo, la inmersión dentro de este retablo, barroco híbrido y fantástico, también nos despoja de aire fresco. No se trata de una ecoansiedad, que finalmente podría ser la intención lógica de un arte comprometido con la reflexión, sino de una narrativa cuyos aspectos formales van de la ilustración al surrealismo, del simbolismo al conceptualismo, en un cúmulo de referencias múltiples que producen ruido visual, alejándonos del aprecio por la pintura, la maestría que se sueña y el mensaje que se busca dar, y porque “tantos árboles no dejan ver el bosque”.

Sin embargo, Un mundo Earth tiene un magnífico árbol, del cual Patiño dice que existen quince. Se trata de un montaje que muestra, como si se tratara de ramas frondosas, pequeños dibujos, propios y producidos por niños, jóvenes y ancianos a los que el artista, de manera multiplicadora, les ha dado clases y de quienes, sin duda, recibe lo mejor de su paraíso.

Agustín Patiño
“La Perla y el Manso”, 2022.

Metadescripción: El pintor Agustín Patiño realizó la muestra “Un mundo Earth”, que mezcla figuras realistas en ambientes caóticos y surrealistas. 

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Acerca de Matilde Ampuero

Investigadora y articulista con experiencia en gestión y difusión de productos culturales. Fue responsable de proyectos digitales y creadora de la Sala Virtual del MAAC de Guayaquil. Ha curado exposiciones sobre el trabajo comunitario y la influencia de la cultura popular en el arte ecuatoriano.
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