Edición 451 – diciembre 2019.
Eran años de radicalismo, intransigencia y violencia. Los ánimos no estaban para moderaciones ni consensos. La Primera Guerra Mundial, con sus diez —o más— millones de muertos, había dejado revueltos los espíritus. Y la Revolución Rusa de 1917, con los bolcheviques imponiendo una dictadura proletaria, había engendrado en medio planeta unos afanes irresistibles de transformación y cambio como no se habían visto antes. Todos, incluso las clases medias, se movían hacia la izquierda. Pero ella, la ‘Rosa Roja’, siempre se colocaba más allá: a la izquierda de la izquierda.
Incluso Lenin, quien se aprestaba a implantar el primer régimen socialista del mundo, renegaba de esas posiciones extremas: “Es un error trágico adoptar la teoría como artículo de fe cuando lo que se necesita es combatir ese izquierdismo que es la enfermedad infantil del comunismo”. Palabras que a ella, Rosa Luxemburgo, no la movieron un ápice de su posición, siempre combativa y radical: “El justo medio no puede mantenerse en ninguna revolución, que debe avanzar de modo rápido, tumultuoso y resuelto, rompiendo toda barrera con mano de hierro”.
Has llegado al límite de artículos gratis para este mes.
Si eres suscriptor de la edición impresa solicita tu acceso.
Si no lo eres, elige tu plan
Revista digital
DESDE- Acceso ilimitado a todo el contenido digital de revistamundodiners.com
Revista impresa + edición digital
DESDE- Revista mensual impresa + acceso ilimitado a todo el contenido de revistamundodiners.com
- Envío incluído


