La piel y las heridas.
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La piel y las heridas.

Por María Elisa Flores

Fotografías Cortesía

Edición 455 – abril 2020.

El arte siempre está evolucionando, no puede quedarse quieto ni un instante porque es en el movimiento, en su búsqueda constante, donde radica su razón de ser. El BioArte, una vanguardia de nuestro siglo, estira aún más los límites de la creación, y tiene una representante ecuatoriana: Gabriela Punin Burneo.

“El que quiere interesar a los demás tiene que provocarlos”.

Salvador Dalí

Los límites de la creación artística

El arte y la ciencia son formas de conocimiento que conservan, sobre todo, dos cualidades en común: la creación y la experimentación. La ciencia intenta comprender, mientras que el arte pretende asombrar y conmover. ¿Es posible fusionarlas? ¿Pueden de alguna manera convivir ambas disciplinas?

En 1995 el científico y artista alemán Gunther von Hagens, por medio de la plastinación de cadáveres, convirtió cuerpos inertes en arte y los exhibió en galerías de todo el mundo. El proceso lo realizó mediante una especie de momificación que detiene el proceso natural de descomposición y da una apariencia plástica. Previamente desolla los cuerpos y moldea posiciones específicas, ya sea montando a caballo, jugando ajedrez, o teniendo relaciones sexuales. Su finalidad es mostrar de manera pedagógica —y lúdica— cómo es nuestro interior, anatómicamente hablando. Su muestra, Body Worlds, ha generado debates sobre los límites de la creación artística, llegando incluso a ser prohibida en algunos países.

Con las mismas interrogantes nació el BioArte a inicios del siglo XXI y se consolidó como una de las primeras vanguardias en que el artista experimenta y genera sus obras a partir de material

orgánico vivo; ya sean células, bacterias, plantas o animales. Estos, junto a técnicas científicas, como la clonación o la transgénesis (transferencia de genes entre organismos), se trasforman en un medio de expresión. Esta tendencia fusiona el arte, la ciencia y la tecnología. En este movimiento

los artistas manifiestan su ética mediante el uso de materiales amigables con el medioambiente y muestran un carácter reflexivo sobre el abuso de la tecnología.

Los trabajos hechos por María Gabriela Punin Burneo, docente e investigadora de Arte y Diseño de Fibras Naturales, muestran una parte de todo lo que puede hacer un textil. El material utilizado, para la muestra, es una pequeña laminilla de cuero, como piel, que saca del cultivo de una bacteria por medio de un tratamiento especial.

Breve historia

Nació con el brasileño Eduardo Kac (1962), quien en 1999 propuso el arte transgénico utilizando la genética molecular para transferir material de una especie a otra. Propuso también la creación de robots biológicos llamados “biobots”. Su propuesta es que un ser vivo real sea la propia obra de arte. Su primera obra, “Alba”, fue una coneja que cambió de color al cruzarla con genes de medusa: bajo una luz azul específica se volvió verde fluorescente. Otra de sus obras más importantes es “A-positive”, un robot que recibió por vía intravenosa la sangre del mismo Kac y, al recibirla, encendió una llama en su corazón de vidrio. Y, como a toda vanguardia le precede un manifiesto, es Vilém Flusser (filósofo checo) quien publicó varios artículos que plantean los principios de la relación entre arte y ciencia, que lo convirtieron en el padre filosófico del BioArte. La interrogante de su filosofía es el porqué la crianza de especies de animales no podía dejar de ser una actividad meramente económica para ocupar el campo de la estética. Flusser soñaba con ver algún día perros azules, caballos naranjas o morados, animales brillantes que iluminaran los campos en la noche.

BioArte en el Ecuador

“La obra de arte es un vínculo entre quien la produce y quien la observa y experimenta; el arte entonces es interacción. Estas particularidades que son fundamentales para el arte lo son también para la ciencia”. Gabriela Punín

Es Gabriela Punín Burneo (1979), artista visual lojana, la precursora del BioArte en el Ecuador. A temprana edad ya mostraba talento para el dibujo y la pintura, y a los diez años empezó a tomar cursos con el reconocido paisajista Raúl Lara Jácome en la Casa de la Cultura de Loja. Un hecho trágico marcó su vida en 1997 cuando se produjo un corte eléctrico en su casa y horas después la luz volvió abruptamente. La casa se quemó en su totalidad debido a la gran cantidad de material inflamable que Gabriela tenía en su dormitorio para sus prácticas artísticas (afortunadamente no había nadie cuando sucedió). Con un gran sentimiento de culpa y tristeza plasmó estas emociones en un cuadro. Un año después, cuando ella tenía diecisiete, la obra ganó el primer lugar en el Salón Binacional de Arte Ecuador-Perú. Inspirada por este premio y motivada por su madre, quien amaba el teatro, la poesía y la literatura, decidió estudiar Arte y Diseño en la Universidad Técnica Particular de Loja (UTPL). Está casada con Juan Francisco, pianista profesional, y tiene dos hijos, Juan Eduardo, de trece, y José Francisco, de quince. Su familia es en parte su equipo de trabajo, pues colabora en la elaboración de los materiales y en el montaje de sus exposiciones. En 2015 recibió la condecoración Eduardo Kingman Riofrío al mérito artístico plástico y en 2019 fue proclamada Mujer del Año, distinción otorgada por su amplia trayectoria.

Los inicios

Para obtener su licenciatura realizó una tesis sobre la elaboración de papel de fibra natural como nuevo soporte para escultu-ras. Este trabajo la llevó como ponente a un congreso mundial de científicos en Londres de donde trajo la idea de crear un compuesto químico que le permitiera obtener un material sintético, con características similares al plástico, pero que fuese biodegradable. De esta manera empezó a desarrollar sus investigaciones científico-artísticas que la llevan a cursar actualmente un doctorado con especialización en BioArte en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Ha realizado más de veinte exposiciones en galerías, museos y centros culturales del país. Además, ha presentado publicaciones, exhibiciones y ponencias internacionales en México, Chile, Perú, Londres, y este año viajará a Tokio. Actualmente es una de las principales inventoras, investigadoras y conferencistas latinoamericanas en BioArte.

Gabriela Punín fue proclamada como Mujer del Año 2019 por su contribución al arte en el Ecuador, distinción otorgada por su amplia trayectoria e incursión en esta área del conocimiento, que le ha permitido ubicarse como referente del arte local y nacional, por proyectos destacados como elaboración de piel sintética a base de biopolímeros que permitirán el recubrimiento de prótesis, semejando piel natural, así mismo, se destaca la obtención de la patente del biopolímero otorgado por el Servicio Nacional de Derechos Intelectuales.

¿En qué consiste su obra? Creación y proceso de elaboración del material

En 2012, luego de investigar por dos años junto a un grupo de científicos de la UTPL, logró crear un compuesto químico a base de cáscaras de yuca y plátano (100% natural y biodegradable): actualmente la fórmula se encuentra patentada en el Servicio Nacional de Derechos Intelectuales (Senadi). Mediante la siembra de un conjunto de microorganismos, que se depositan en tinas con agua y té, se va formando una capa muy fina de material. A partir del octavo día el microorganismo debe ser alimentado cada 72 horas con taninos (sustancia orgánica) extraídos de la trituración de una vaina. En este proceso nacen bacterias, hongos y levaduras que empiezan a formar una especie de tela; se controla el pH (acidez y alcalinidad del agua) y la temperatura para que el microorganismo no muera. Mediante la alimentación, se va engrosando hasta llegar a tener un centímetro de espesor: durante este proceso, llamado simbiosis, el material tarda aproximadamente tres semanas en alcanzar un metro de extensión. Al llegar al grosor deseado se retira del agua, se lava y seca. En esta instancia deja de crecer y toma el nombre de “biopolímero” que, por su aspecto, flexibilidad y permeabilidad semejante a la epidermis, Gabriela lo bautizó como “piel”. Mientras el material está en el medio acuoso permanece vivo y necesita cuidados extremos cada día, pero cuando se interrumpe el proceso de crecimiento y sale de su medio, el material permanece estable por cinco años (más o menos), sin manifestar ningún cambio físico en condiciones de temperatura ambiental controlada.

El proceso de creación es continuo y sucede en un pequeño laboratorio improvisado en su departamento, en Quito, donde cuida de su proyecto “como a un hijo”. Con el material ya listo, decidió empezar su producción artística mediante instalaciones. La piel sintética que obtiene, y que toma la forma de distintas partes del cuerpo humano, le permite trabajar diferentes ejes temáticos alrededor de él, como las heridas físicas y emocionales, el cuerpo como superficie simbólica, las cicatrices como elemento de transgresión y la piel como un lienzo que graba recuerdos y memorias. La transmutación y regeneración de esta piel que nos protege y nos envuelve pero que también nos lastima, un lugar donde “lo escrito a nivel de la superficie representa lo inscrito en el interior del cuerpo”.

Sobre su obra

Para Gabriela no hay límites posibles en el arte, cree que un artista puede entrar a un laboratorio y aprovechar todas las posibilidades de descubrimiento que generan su creatividad y visión. Tiene la convicción de que el arte es vida y qué más vivo que nuestro cuerpo. Su intención es que los espectadores vean su propia piel, que busquen heridas y marcas en ella, y que indaguen esta superficie llena de significados. “Lo vivo puede ser la razón de ser de la obra; el ser, la reflexión, trabajar con la vida desde la vida, donde esta ya no es representada sino creada y modificada”. Sus musas están en los quirófanos. Con libreta y lápiz en mano, asiste a todo tipo de cirugías en una clínica particular de Loja (previo consentimiento de médicos y pacientes). Ahí capta ideas y bocetos que luego se transformarán en BioArte.

Trayectoria

Generalmente realiza una exposición por año, siendo las más importantes y concurridas, hasta ahora, Los rastros en la piel, 2012, en el Centro Cultural Hospital San Juan de Dios (Loja); Vivir no es solo existir, 2013, en el Centro Cultural de la Pontificia Universidad Católica del Ecuador (PUCE); Encuentro de una generación artística, 2016, en la Academia del Cuauhtémoc (México); Sujetos tóxicos, 2018, en la Casa de la Cultura de Loja y Biopensamiento del ser alterno, 2019, en Querétaro, México, junto al artista azteca Rubén Maya.

Los títulos de sus obras son sugerentes y están cargados de simbolismo; hacen referencia al cuerpo, a la piel, a las heridas y a la fragilidad del ser humano. En algunas de ellas podemos observar cortes, suturas, sangre y marcas que expresan las memorias que se formulan en el cuerpo. Un tatuaje, un piercing y una cicatriz se hacen presentes en Los rastros en la piel; representan el dolor físico y emocional, recuerdos que quedan grabados en la memoria del individuo. En Otra mirada al cuerpo la artista mezcla varios elementos como cables, redes, manos robóticas y humanas que interpretan la interconexión que existe entre el mundo modernizado y la naturaleza humana. En una bandeja con un líquido amarillo sobre el que reposa un pedazo de piel con pequeñas laceraciones sangrantes nos presenta Cuerpo con pocas heridas, un cuerpo vulnerable que cambia, se deteriora y perece. Obras para ver y conmover, como ella lo define: “El percibir con los sentidos hace que actúe sobre el sujeto la impresión sensible, surgen en nosotros sentimientos de placer y dolor, de elevación o humillación, todo ello por su presencia en el mismo espacio”.

El biopensamiento del ser alterno

En los últimos años ha incorporado a su obra conceptos más profundos y filosóficos. A partir de 2016 está presente el ser con biopensamiento, un término que plantea una resignificación del ser y el ente como lo pensó Heidegger. Él considera que lo importante es el ser, mientras que el ente (o cuerpo físico) pasa a segundo plano. El biopensamiento propone que la esencia es el ser como organismo vivo. De este concepto parten sus últimas creaciones que actualmente se exhiben en la galería Libertad de la ciudad de México. Para la artista la piel es la receptora de sentidos y la utiliza como una herramienta que nos permite acercarnos al arte de manera diferente y experimentarla con todos los sentidos. Propone “una reflexión sobre la piel como cubierta sensitiva que conecta a los mundos imaginarios con realidades cotidianas”.

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